
¿Alguna vez has estado en un punto de tu vida en el que sientes que una etapa ha terminado pero no sabes cómo dar el paso a la siguiente?
En ese punto de inflexión llegó Ringana a mi vida.
He sido docente durante 15 años y he disfrutado muchísimo de la educación. Empecé con mucha ilusión, pero con los años esa ilusión se fue apagando hasta que me planteé la reinvención.
Fue entonces cuando me convertí en copywriter.
Compré la idea de felicidad que nos vendía en ese momento el panorama digital: tumbarme con mi portátil y un virgin colada en el cálido sol de Bali mientras mi empresa facturaba las famosas 6 cifras por mí. Pero nada más lejos de la realidad: ser profesional digital se convirtió en horas y horas frente al ordenador, un síndrome del impostor tras otro, la soledad más absoluta, muy poco disfrute y muy poco dinero.
Así que después de un año jugando a los emprendedores, cerré la persiana digital y volví con mis queridos adolescentes, a pesar de saber que la educación tampoco era ya mi sitio.
¡Y entonces me quedé embarazada!
Una preciosa revolución interna y externa que cambió mis prioridades radicalmente: La reinvención ya no era una posibilidad, se había convertido en la única opción.
Quería estar con mi hija y vivir mi maternidad salvaje y mamífera como nos lo pedía el cuerpo y el alma a las dos. Así que me puse manos a la obra para rescatar del polvo El Cofre de Sophia.
Pero lanzarlo en solitario, con una bebé, sin comunidad y en un mercado saturado… se me hacía un mundo. Temía repetir la historia de Slowon: muchas horas y poco retorno.
Otra vez en la casilla de salida.
Fue entonces cuando Ringana llegó a mi vida de la mano de Mónica de los Ríos. Una mujer que admiro muchísimo profesionalmente y con unos valores superalineados a los míos. Cuando ella dijo que Ringana podía ser el vehículo para construir la vida libre y abundante que buscábamos… no lo dudé ni un segundo. Confío plenamente en sus conocimientos, experiencia y bagaje profesional.
Su criterio era más que suficiente para unirme a su equipo y a este proyecto.
Y así lo hice.
Efectivamente, ¡me enamoré de Ringana!
De sus valores, de su filosofía, de sus productos, de su ética, de su pureza, su eficiencia, su calidad, su frescura… Yo ya llevaba años leyendo etiquetas, eligiendo cosmética natural, valorando la sostenibilidad y el respeto animal…¡mucho antes de que todo esto estuviera de moda en Instagram!
Pero lo que me enamoró de Ringana fue el conjunto: una empresa ética con productos maravillosos que además me daba la oportunidad de crecer, recibir formación continua en liderazgo y crecimiento personal, vivir experiencias, viajes, mercado internacional… y hacerlo junto a una gran mentora y un equipo humano precioso.
No era emprender desde cero. Era unirme a algo que ya estaba construido, con una estructura sólida, pero donde yo podía evolucionar, mentorizar, crear equipo, liderar… y hacerlo sin renunciar a mi vida ni a mi coherencia, con una empresa ética y un trabajo que respeta mi maternidad, mi tiempo, mis valores y mi libertad.
Soberanía.
Esa es la razón de que comparta Ringana contigo en este Cofre.
Para que si tú también estás ahí, puedas tener la oportunidad que yo tuve de tejer tu vida en coherencia y libertad cuidando tu cuerpo, tu mente y tu vida.
Si te vibra y es tu momento… ¿hablamos con un té virtual?.
