
Era una noche de luna llena, y me había bajado la menstruación. Estaba acostada en mi cama junto a la ventana, en completo silencio. Apagué la luz, me acurruqué dentro del edredón y cerré los ojos, permitiendo que la luz plata de la luna me envolviera. Respiré profundo y abrí los ojos de nuevo.
Fue entonces cuando la vi. Por primera vez, realmente la vi.
Ahí estaba, la mágica e imponente luna llena, tan grande y luminosa que me atravesó de un modo inexplicable. Me quedé mirándola con una sensación que nunca antes había experimentado, y en ese momento surgió el pensamiento:
“La hermana Luna: 28 días.”
¿Cómo era posible que el ciclo de la luna fuera el mismo que el de nuestro cuerpo? ¿Qué vínculo podía existir entre nosotras y ella? Esas preguntas, cargadas de curiosidad y asombro, despertaron algo profundo en mi interior. En mi mente empezaron a resonar palabras y símbolos que, aunque desconocidos hasta entonces, sentí como propios.
Mujer, naturaleza, luna, sabiduría.
En ese instante, una energía ancestral me recorrió por completo. Una sensación de magia y poder inexplicable inundó mi ser. No había racionalización, solo certeza. Sentí, de una manera muy clara, que todas las mujeres estamos conectadas con la tierra, la naturaleza, la espiritualidad y el cosmos. Era como si en mi pecho despertara una memoria dormida, como si en mi vientre floreciera una sabiduría que siempre estuvo ahí, aguardando a ser recordada.
Me vinieron imágenes de brujas, chamanas, curanderas, sacerdotisas, abuelas, diosas, dakinis, yoguinis… Toda esa energía me envolvió en un instante, llenando cada rincón de mi ser con una conexión inexplicable pero profundamente real.
Sentí por primera vez el inmenso poder del Sagrado Femenino, un poder que no viene de la fuerza física, ni del sacrificio, ni del sufrimiento, ni de la lucha. Es un poder que nace de otro lugar.
Viene de la magia, de la intuición y de una profunda sabiduría.
Fue esa noche cuando, sin saberlo, experimenté lo que algunos llaman “la llamada de la Diosa”. Esa experiencia me impulsó a emprender un camino de búsqueda, sanación y reconexión con las raíces más profundas de lo femenino y con la energía cíclica que nos conecta con el universo.
El inicio del camino
Tras esa noche, no podía dejar de pensar en lo que había sentido. Me sumergí en la lectura y el aprendizaje, buscando respuestas a las preguntas que me había hecho bajo la luna. Así fue como descubrí el libro Luna Roja, de Miranda Gray, y sentí que ese era el siguiente paso. Viajé para formarme como Moon Mother con la propia autora y descubrí una forma práctica y espiritual de vivir mi ciclicidad femenina.
Fue durante esa formación cuando conocí a la mujer que marcaría un antes y un después en mi vida: Isabella Magdalla, psicóloga y sexóloga, autora del libro Tu vagina habla (en el que podrás leer un par de testimonios míos).
Isabella me invitó a participar en un retiro en el bosque, un encuentro transformador que reuniría a mujeres de distintas edades y partes de España para explorar juntas nuestra conexión con la naturaleza y el resurgir de nuestra sabiduría femenina.
El retiro en el bosque
Durante 7 días, compartimos y experimentamos una transformación profunda.
El bosque y el cielo estrellado nos envolvía con su energía, nos recordaba que somos parte de algo más grande, algo que va más allá de lo que vemos o entendemos.
Isabella nos guió en prácticas que iban desde trances y rituales hasta danzas y momentos de intimidad y reflexión colectiva.

Sentí, como nunca antes, que la sabiduría femenina no es un concepto abstracto, sino una energía real que vive en nosotras, esperando ser activada. Comprendí que las mujeres somos cíclicas, como la luna, y que en esa ciclicidad reside nuestra magia y nuestro poder.
La sabiduría del Sagrado Femenino
La Feminidad Sagrada es una invitación a reconectarnos con nuestra esencia y a vivir desde la armonía con nosotras mismas, con nuestro cuerpo, con la naturaleza y con el universo. Es una energía que nos recuerda que no estamos solas, que somos parte de un linaje de mujeres sabias que han transitado este camino antes que nosotras.
Pero, ¿qué significa, en la práctica, conectar con el Sagrado Femenino?
- Es aprender a honrar nuestros ciclos y a comprender cómo nuestra energía cambia durante cada fase menstrual.
- Es recordar que nuestra fuerza no reside en competir ni en luchar, sino en nuestra capacidad de parir, crear, amar, nutrir, transformar y sanar.
- Y es saber que esa sabiduría y energía femenina universal nos acompañará siempre. Que esa llamada la seguiremos sintiendo y escuchando de muchos nombres (Tara, Isis, Rhiannon, María…) a lo largo de los años para acompañar y guiar nuestro caminar.
Si hoy mis palabras te resuenan, quizás sea el momento de emprender tu propio viaje.
La Diosa vive en ti, esperando ser escuchada y recordada.
